
Qué pesada soy con la intención y el pensar antes de actuar. Porque visto lo visto, hay que insistir en lo básico, pensar antes de comenzar a hablar.
¿Por qué pensar? Ante un problem, está claro: buscar soluciones, hallar aliados, no dar vueltas a lo mismo rumiando sin parar.
Haciéndote todas tus preguntas, preguntándotelas en serio. Ése, es el meollo de la cuestión.
Por tanto, hazte buenas preguntas, plantéate problemas dignos de resolución y obtendrás buenas respuestas.
Vendrán tus propias respuestas, primero, si te obligas a buscar y hallar ideas que puedan servirte para tus fines. Deja hablar también a tu intuición, el pulso directo del corazón.
Anota lo que te venga en ese momento de inspiración, para no olvidarlo en unos días o semanas.
Luego, puedes contrastar tus hallazgos con las aportaciones de algunas personas que puedan y quieran, ayudarte. Lo tienes que pedir, y a veces, pagar.
Pedir consejo, no significa revelar tu historia ni tus descubrimientos a cualquiera que te encuentres por la calle o en una reunión. ¿Por qué? No todos serán favorables a tus intereses y hay que protegerse con suma discreción de posibles enemigos. Los amigos no abundan.
Pregunta qué harían los demás de tu confianza. No serán tantos ni tantas cosas. Si son buenas, adelante. Tal vez se les ocurra algo diferente, útil o divertido. Disruptivo.
¿Recuerdas a Lola Flores, cuando se las maravilló para pedir pasta a la gente, para pagar su deuda millonaria con Hacienda? Grande. Casi lo consigue. ¡Qué idea!
¿A dónde acudir en busca de inspiración? No se puede contestar. A cualquier lugar, las fuentes pueden provenir de lugares insospechados e inesperados.
Lo mínimo es tener la intención, las antenas en funcionamiento, y abrir la mente a nuevas vías de solución. Entonces veremos que se suceden algunas sincronicidades, mientras investigamos en la red, medios, libros... Nos requete informamos de todo, documentamos lo necesario. Lo que haga falta. Nuestro asunto, bien lo vale.
Podemos preguntar directamente a quien tenga respuestas profesionales; y si eso, contratamos sus servicios.
De nuevo, la intención que prestemos a la búsqueda, nos hará focalizar la atención en aquéllo y aquéllos, que nos interese conocer.
Si hemos hecho un largo y divertido brainstorming, y hemos podido buscar y contrastar la información necesaria, será muy difícil que no consigamos un par de buenas ideas que, pronto, nos llevarán a acciones que favorecerán nuestro futuro cuántico.
Al menos, tenemos que conseguir no perjudicarnos de ningún modo. Lo mínimo. Algunas acciones son arriesgadas, si las emprendemos sin conocer sus consecuencias, que vendrán inevitable o probablemente. Por esto es importante calcular los riesgos tanto de hacer, como de permanecer en inactividad.
En resumen, ampliar la visión, con los datos que nos dará la investigación, más algunos consejos sensatos de quien conoce las consecuencias -tal vez penales- de la acción que estemos a punto de emprender, nos dará la seguridad que nos falta para poder decidir racionalmente y en consecuencia.
Recuerda tu madre, no te metas en líos. Porque emprender una acción arriesgada, sin conocer las consecuencias, al menos legales, laborales, sociales y familiares, puede tratarse de un acto de suicidio civil, incluso inducido.
Hay muchas formas de quitarse de en medio, ya te digo; y cometer un error de bulto, o un quasi delito, en la frontera misma de la ley del bien y el mal, puede significar que te pudras en la sombra por algún tiempo.
Si caes en la casilla del calabozo, desaparecerás del tablero y ya no podrás molestar a la autoridad ni a tus enemigos durante toda la partida. Te habrán ganado limpiamente, con todo el peso de la ley, la moral y las costumbres. Casi ná.
Y tú no quieres eso. Ésa ley, que se ha hecho para protegerte, pero que a veces te machaca como una apisonadora porque no le importan tus razones. La sociedad tiene su agenda.
El código penal es como una constitución negativa, igual de importante, y hay que releerlo de vez en cuando, porque lo cambian bastante. Representa un límite legal ineudible, al libre albedrío de los actos. Como los derechos, pero al revés.
La intención es como tu libro de instrucciones, tu directriz.
¿Qué? ¿Cómo, cuándo?
Cuando me pregunto, centro mi atención en lo que me interesa.
Cuando escribo, me explico y ordeno.
Decreto lo que quiero.
Aclaro lo que quiero saber.
Y vienen las respuestas.
Cuando pido ayuda o pregunto, reconozco mis límites y me preparo a superarlos.
No todo vale, y los consejos no solicitados están para no seguirlos.
Los mejores consejos para la gente son los que se regalan de corazón.
Nunca delegamos la decisión.
Es toda nuestra.
La intuición funciona. Si vas en contra de ella, tu cuerpo te lo recordará más adelante.
Resumen:
Ser responsable de nuestras decisiones y actos.
Hacer las cosas a conciencia.
Es cuestión de autoestima, también es cuidarse.
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