

La vida vegetal nos contempla en silencio. Sus colores atraen a pequeños animales. Nuestra mirada también, aunque vemos belleza, no sólo comida.
No apreciamos que los vegetales son la base de la alimentación humana, de los hervíboros y por extensión también de los carnívoros. Que sin plantas no somos nada. Sin comida, no duramos un par de telediarios.
El porvenir de la humanidad pasa por el futuro del reino vegetal. ¿No es hora de emprender acciones personales concretas por cuidar nuesstro manto verde?

La mar en calma y sex on the beach. En la soledad y oscuridad de la playa de noche, alguien se esconde, alguien viene a sorprenderlos.
Dan ganas de hacer una canción, si no fuera porque das la gaita. Rompiendo el romanticismo del momento y lugar.
La próxima vez, no te olvides la toalla, el pareo y el potingue antimosquitos. El resto, déjalo a la imaginación. Estas cosas, convenientemente improvisadas son lo más..., ¿verdad?

Y encontrársela fresquita. Y aunque no lo esté, te baja la tempertura corporal en cuestión de minutos. Pero qué gozada. Tómese un baño marino frecuentemente y le cambiará hasta el humor.

Aprovechemos para vestir el cielo de rosa, ponerle encajes lilas y amarillos y quedarnos un rato contemplando las figuras que la luz forma en las nubes.
Póngase su mejor vestido, camisa, o camiseta rosa, porque es el color que favorece a la cara, más que el colorete. También está demostrado que su exceso afecta a las neuronas, así que cuidado.

Pues los barcos se perdían en esta zona. Si chocabas contra Es Vedrá, te ibas a pique. seguro. Pero siempre podías beber del manantial dulce dEs Vedranell.
Arriba hay un refugio donde el eremita Palau purgaba su alma. Hoy día sólo veranean las cabras, con permiso del comendador.
¿Hablando de energías, no ves como una nube sobre la copa del sombrero? ¿No? Pues está allí casi siempre. Todo un misterio de la condensación.

Ibiza se acaba así, de golpe. También es un lugar donde algunos deciden... hacerse un selfie y darse la vuelta. Otros se la juegan. Es raro que no caigan más pelotas al mar.
Por cierto. No he visto personaje más integrado en el paisaje. Un saludo, desde la Ibiza ideal, y también real. Seguidamene, iremos descendiendo poco a poco a la cruda y sucia realidad. No te quejarás de la introducción.




Que te pase un avión por encima de tu casa, en Ibiza, o en playa d'en Bossa, cada 3,5 minutos día y noche, es habitual en verano. Un reguero de contaminación sobre nuestras cabezas, cada tres minutos y medio.
Los humeantes buques de línea todavía contaminan más, hay varios al día que unen Ibiza con las capitales más cercanas. Es impresionante el humo negro que dejan repartido por toda la ciudad.
Luego están los jets privados, los yates y cruceros, que merecen un episodio por sí solos, por su desproporcionalidad contaminante.
Y las fiestas a bordo, sun-set y nocturnas. El ruído en el mar se transmite especialmente bien, así que nadie duerme en kilómetros a la redonda en una festuqui marítima, aunque esté en tierra firme.
Al final intentas acostumbrarte a la sopa química en que estamos sumergidos. Pero el daño, para nuestra salud y el estrés, siendo evidente la molestia, está por ver.
Tal vez por eso la gente no exige una auditoría medioambiental de este tipo de emisiones. Estoy convendida de que muchos, no cumplen la normativa medioambiental.




Las fotos salen preciosas. Ya lo ven. Aquí importa la noche más que nada.
Pero quise un sitio para vivir, y me tuve que ir porque no podíamos dormir; el ruído nocturno es brutal. Si los locales facturan a tope, no admiten limitaciones vecinales ni legales. ¡Sólo son un par de meses...!
¿Really? Sí. Aquí se permite la única discoteca al aire libre, por su precio, reservada a los dueños de los megayates.
¿Cómo se permite? Pregunta por quienes se benefician mutuamente de la concesión administrativa sobre el dominio público marítimo, en este caso, portuario. De cajón.
Según la ley de Ibiza, lo que rige para unos, no rige para otros. Y entre todos, se aprovechan.

Si escuchar las olas te relaja, esto hará que te estalle la cabeza. No hay nada mejor que una macrofiesta a bordo de un megayate de lujo excéntrico. Al menos, eso dicen.
Vivir tan cerca que no tengas que moverte para verlo. Ni que coger los prismáticos para casi saber qué hace la gente dentro. Tiene guasa.
Esta vez no me quejo tanto de la música porque era de Sting. Pero en general, mucho gusto no tienen.
Elegancia, de puertas para adentro, porque a bordo van casi en bolas. Y si nosotros no dormimos, ellos tampoco... Eso sí, en varios días.

Y que nos tenemos que conformar con verlos en la distancia. Parecen inalcalzables, y es que lo son. Corren que vuelan.
Esa silueta tan esbelta, estará llena de otras siluetas igualmente esbeltas y bellas, pero que comen y cagan cada día en un lugar diferente de esta costa.
Sólo que nos dejan lo que dejan a su paso.

Cada año lo mismo, vuelve la pesca industrial a la Bahía de Portus Magnus. Con esas luces enormes durante toda la noche, el arrase es total. No hay tuñina que quede viva.
Recuerden que en el fondo vive la posidonia, y que antes estaba lleno. También de peces, que luego pasarán a llamarse pescados y estar mucho más ricos.
Si la posidonia fuera lechuga, estaría más cuidada. Pero siendo la planta más antigua y longeva del mundo, dar oxígeno al agua, no parece suficiente.
Tarda un siglo en crecer un metro. ¿Cuántos minutos hacen falta para destrozarla con un ancla?

Y adoramos los barcos. Lo que no nos gusta, es cómo se comporta la gente que llevan dentro. Y que no nos inviten. Son como las orcas, que siguen a todo, pero gritan más fuerte y tienen más pasta.
Está bien aplaudir al sol y a la luna, pero si hemos de coexistir tendréis que ser buenos chicos y no arrojaros borrachos por la borda. Pensad en vuestra madre.
Si resulta incompatible la preservación de las aguas con especie humana, por favor, que gane la primera. Porque siempre es más fácil conservar que volver a construir y porque para algunos hombres, esto ya no tiene remedio.
Y para acabar el post, somos conscientes de que si hay que rebelarse, esta revolución será verde, y azul turquesa. Un saludo.
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